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Buscar la
razón es siempre encontrar la realidad y la de Masia Duch
está en la ilusión y la pasión por la calidad del vino, que
supo comunicar la familia materna en sus viñedos de
principios del siglo pasado.
La familia paterna contribuyó en el hecho de
elaborar aceite a partir de pepitas de uva, un
aceite de grandes cualidades que se ha revelado
como básico en productos de cosmética y
dietéticos.
Con estos antecedentes y la conjunción de unas
tierras de excepción junto a un sueño, empieza
un camino en los años ochenta de formación y de
información. Visitas a certámenes, incursiones
en Francia e Italia y la reflexionada lectura y
estudio de textos y bibliografía especializada.
Con el hecho de disfrutar de estos
conocimientos, unidos a la fertilidad del suelo
y a la excelente climatología, la virtualidad
empieza a ser lo cotidiano. Masia Duch puede ser
posible y los medios para conseguirlo parecen al
alcance. Tendrán que pasar años antes que la
primera cosecha del 89 sea un vino convencido de
ser presentado en público.
La personalidad total se ha alcanzado con la
presentación en sociedad. Creemos certeramente poseer un
vino para grandes paladares, un cariño fuera de lo común por
la viticultura y un espíritu perfeccionista que tiene toda
la intención de seguir sorprendiendo de manera pausada.
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Medalla de
Plata
Ljubljana 2005 a
Bressol 2000
Medalla de Bronce
Decanter Award a
Bressol 2000
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